El detrás de la “batalla cultural”
En una lógica político-ideológica de odio y crueldad, Milei impulsa una batalla cultural y actitudes que, lindan con la persecución de los opositores y de cualquiera que plantee la menor disidencia frente a la excluyente mirada de “su” realidad. Ejemplos sobran.
Sin desmedro de lo anterior, “su” batalla cultural, también es funcional para desviar los ejes de los análisis y diluir otros debates, ante la situación de marcada tensión económica que el gobierno atraviesa, derivada de su propia estrategia.
En tal sentido, en un intento por estabilizar variables como el dólar, la tasa de interés y los precios, sostuvo un plan basado en la recesión, que si bien acotó la volatilidad inflacionaria, no logró consolidar el frente externo.
Las reservas internacionales rondan los 30.000 millones de dólares, a pesar de haber existido una oferta significativa de divisas -surgida de un blanqueo de 23.000 millones de dólares y de un superávit comercial de casi 19.000 millones-
Lo anterior, pone de manifiesto la dificultad para fortalecer el nivel de activos del Banco Central. Aunque nos permitimos preguntarnos si no es una consecuencia aceptada que acompaña un actual modelo de financiarización especulativa.
Así las cosas, mantener una paridad cambiaria relativamente baja se ha vuelto complejo, tanto por la insuficiencia de reservas como por la gran cantidad de pesos en circulación.
Tal fragilidad se evidencia en decisiones apresuradas, como la reciente baja de las retenciones en enero, un tema delicado para la recaudación fiscal en medio de una contracción económica que, ya redujo ingresos tributarios ligados a la demanda interna.
Este contexto, sumado a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), agudiza la incertidumbre.
El organismo exigiría la liberación del mercado cambiario para concretar un desembolso de alrededor de 11.000 millones de dólares, aduciendo que el tipo de cambio oficial y los valores de los dólares financieros mantienen brechas manejables.
Sin embargo, el volumen de pesos existente podría impulsar una suba mucho mayor al levantarse el cepo, lo que genera recelo en el gobierno.
La experiencia de 2018, cuando un amplio apoyo del FMI no impidió la rápida salida de divisas, refuerza la cautela del organismo.
La economía argentina, en tanto, se ve presionada por factores externos e internos.
El panorama internacional contempla tendencias proteccionistas, un posible fortalecimiento del dólar y la incertidumbre sobre los precios de las materias primas.
A nivel local, la continuidad de la recesión -con aumento del desempleo y la pobreza- ha reducido la actividad a niveles que frenarían la inflación, pero no han evitado las tensiones cambiarias ni fortalecido la posición internacional del país.
El gobierno enfrenta el dilema de cómo sostener el tipo de cambio y, al mismo tiempo, no sacrificar, aún más, la recaudación externa; indispensable en un contexto de estrechez fiscal.
La alternativa sería la llamada “devaluación fiscal” (o vulgarmente dicho “más motosierra”) que, conllevaría el riesgo de ahondar la confrontación con las provincias, al incluir menores transferencias y recortes impositivos o de gasto, en un año políticamente sensible.
En definitiva, sin un -cuestionable- acuerdo inmediato con el FMI o un giro de rumbo, la estrategia de estabilización basada en la recesión se tornaría cada vez más incierta.
La evolución de los próximos meses -con elecciones en el horizonte, un contexto internacional cambiante, pero manteniendo el gobierno el apoyo de grandes grupos de poder económico- definirá la sostenibilidad de este programa económico (primarizador, extractivista, de prevalencia financiera, e industricida), y las políticas para la continuidad de este régimen conservador-liberal- libertario.
Estamos convencidos de un proyecto alternativo
frente al actual régimen conservador-liberal-libertario.
Impulsamos otro proyecto de país.
Un proyecto de Nación: industrialización con justicia social.