Presentación del libro “Para una Industrialización con Justicia Social”. Por Mario L. Gambacorta, en la sede Flacso Argentina (11-9-2025)
Presentador: Gracias por participar de esta charla que compartimos junto al colega, amigo y doctor Mario Gambacorta. Voy a pasar a hacer una presentación muy breve de él, para después dejarle la palabra.
Mario Gambacorta es abogado laboralista, docente de grado y posgrado en distintas universidades de Argentina, es Doctor en Ciencias Jurídicas y ha hecho dos posdoctorados; uno en la temática de derecho y nuevas tecnologías, y el otro, respecto de la regularización de trabajadores en la actividad de la medicina privada.
Es referente del Grupo OND, y es el director del libro que hoy vamos a estar presentando, que se llama Para una industrialización con justicia social.
Además de todo esto, tenemos la fortuna de que Mario es docente e investigador de la Maestría en Estudios y Relaciones del Trabajo de Flacso Argentina, y es uno de los miembros del Concejo.
Mario Gambacorta: Buenas tardes a todos y a todas, muchas gracias Miguel por la por la presentación. Aprovecho en tu persona para agradecerle al Programa de Estudios y Relaciones del Trabajo de Flacso Argentina, también a Ana Miranda, y desde ya agradecer a todos quienes participan de esta actividad y; desde ya a Flacso por la posibilidad que nos brinda de presentar esta obra en un ámbito tan relevante y trascendente como este.
Para nosotros, es un gusto y un privilegio hacerlo en esta casa. Y voy a empezar a hablar acerca del libro, también haciendo algunas consideraciones sobre, por qué y cómo llegamos a este libro, desde el grupo OND, al que al que pertenezco.
Ante los cambios producidos en Argentina, sobre todo los que son consecuencia de las elecciones del 2023 que llevaron a Milei a la presidencia, y por el escenario que se genera, precisamente, con esta esta transformación; esta crisis que, creo afecta al sistema democrático argentino. Fue así como, con un grupo de compañeros y compañeras provenientes de distintos lugares: del ámbito académico, del ámbito sindical, del ámbito jurídico, y de varias disciplinas; decidimos constituir el grupo en diciembre del 2023. Nos constituimos en diciembre del 2023, y presentamos al grupo formalmente el 18 de junio de 2024. Lo presentamos en el INCASUR.
Precisamente, porque más allá del nuevo escenario que se perfilaba para la Argentina; nuevo escenario o continuidad de un proceso (también vale reflexionar sobre eso); lo que nosotros, fundamentalmente, percibimos es una crisis de propuestas.
En tal sentido, el desafío que nos planteamos fue avanzar y aportar a la construcción de un proyecto alternativo, de un proyecto -como nosotros lo denominamos- de Nación. Ahora, me voy a estar refiriendo a eso: Porque planteamos la necesidad de un proyecto alternativo, fundamentalmente, poniendo el foco en la soberanía. Entendida la soberanía en sentido amplio.
Siempre que señalo esto, menciono que la soberanía tiene aspectos simbólicos: nuestra bandera, nuestro escudo nacional, nuestra escarapela. Pero todo eso, representa los alcances de la soberanía en distintos ámbitos. En ámbitos políticos y en ámbitos que, a veces, no le prestamos tanta importancia, o no los relacionamos directamente con la soberanía; como son las cuestiones energéticas, de recursos naturales, transporte, infraestructura, logística.
Todas las anteriores, inciden directamente, no solo en la autonomía y la independencia de una Nación sino también en la calidad de vida de quienes habitan el país. En este caso, el país que nosotros queremos, que se llama Argentina.
Decimos también que el libro que estamos presentando es una excusa para el debate. Refleja la producción de documentos y declaraciones que realizamos durante el año 2024.
Por otra parte, uno de los principales desafíos que enfrentamos es construir categorías propias para la definición de un proyecto alternativo en nuestro país.
A nuestro criterio, lamentablemente, desde distintos ámbitos y procedencias; habitualmente, avanzamos en o sobre categorías que, en el ámbito académico, como ustedes saben, habitualmente denominamos categorías eurocéntricas.
Categorías que, en sí mismas no son buenas o malas; ni nosotros las consideramos, prima facie, buenas o malas. Pero que no siempre se adecuan a las necesidades de nuestro país. Y esto se suele replicar en términos regionales.
Estamos en Flacso, que es un ámbito que tiene una proyección latinoamericana, y destaco que, creo que en muchos de nuestros países también se da esta problemática.
Así las cosas, muchas veces analizamos la realidad y debatimos en función de contextos e intereses que van más allá de lo nuestro; y que inciden, para bien o para mal, sobre lo nuestro.
Entonces, el desafío es avanzar en la construcción de categorías propias para generar un proyecto alternativo. Como decimos nosotros, un proyecto de Nación. Tenemos que articular un modelo, un determinado modelo de desarrollo.
Llegados a esta instancia, destaco que, siempre que hablo de modelo de desarrollo hago una aclaración, un comentario; o, mejor dicho, ya estoy un poco cansado de escuchar hablar de modelos de desarrollo a secas, sin caracterizarlos.
Hablamos de desarrollo y, ante esto, hago una pregunta muy básica: ¿cuál modelo de desarrollo?
Así, ya empezamos a acercarnos más al título del libro que estamos presentando. Porque nosotros, como grupo, concebimos como imprescindible un modelo de desarrollo industrial.
Sin desmedro de otros desarrollos, lo central, lo estratégico para nosotros, tiene que ser alcanzar el desarrollo industrial. Y no un desarrollo industrial a secas. Como está en el título del libro, para una industrialización con justicia social.
Porque también puede haber modelos de desarrollo industrial con diversas proyecciones, con diversos contenidos y alcances.
Puede haber modelos de desarrollo industrial, como lo podemos verificar en distintos lugares del mundo, sin justicia social.
A menudo, se nos plantean como ejemplos algunos, pero sin atender la justicia social. Tan vapuleada y a la que se pretende seguir vapuleando en estos tiempos.
Y esto último no es inocente. Fundamentalmente, me estoy refiriendo a Milei. Cuando habla de “la aberración de la justicia social”; es porque en su matriz ideológica, conceptual, y en su modelo de país (porque él tiene un modelo de país), no tiene cabida la justicia social.
Nosotros, ante esto, simplificamos en términos explicativos nuestras convicciones, entendiendo que “la justicia es social”. Amén de la justicia social, reiteramos, la justicia es social.
Planteamos un modelo de desarrollo industrial con justicia social para configurar un modelo de Nación.
Obviamente, un modelo de Nación está vinculado con un modelo de país; pero cuando nosotros decimos un modelo de Nación, estamos también teniendo en cuenta (y siempre en las distintas presentaciones del libro lo señalamos) que, tenemos una mirada y; lo recordamos como los revolucionarios franceses concebían la Nación.
Siempre señalo que, cuando los revolucionarios franceses, aquellos ciudadanos, gritaban ¡viva la Nación!, estaban gritando viva Francia, y estaban gritando, a la vez, ¡viva el pueblo!
Nuestro concepto de Nación está directamente relacionado con el pueblo. Para nosotros la Nación es el pueblo, y el pueblo es la Nación; y el Estado es, precisamente, la Nación jurídicamente organizada, es la forma que se le da a ese fenómeno.
Estamos hablando, y seguimos agregando algunos elementos, en cuanto a que para llevar adelante este modelo de industrialización con justicia social se requiere comunidad. Se requiere construir comunidad; y para eso, hay que referenciarse en el pasado, en el presente, y en las proyecciones de futuro que tenemos.
En nuestro último documento hemos hecho una referencia a esto; a la necesidad de que, para ser Nación, hay que tener una Comunidad de pasado, de presente y de futuro. Una comunidad fraterna. Puesto que tampoco alcanzan solo las cuestiones materiales. Las cuestiones materiales son necesarias, son imprescindibles, pero no alcanzan excluyentemente.
¿Cuándo y de qué hablamos nosotros cuando hablamos de comunidad?
No voy a ser elíptico. También está relacionado con el concepto de comunidad organizada; y cuando hablamos de comunidad, en lo que compete a este modelo de industrialización con justicia social, ese modelo de desarrollo industrial para llegar a una industrialización con justicia social; estamos hablando de trabajo, capital y Estado.
Concretamente, hablamos de los trabajadores, representados a través de sus organizaciones. También de las organizaciones representativas de los empleadores. Y del Estado como mediador, árbitro, articulador; de esos intereses sectoriales.
Partimos de una concepción en la cual, ni todo tiene que estar en el Estado ni nada tiene que estar en el Estado. Creemos que, ante esto; ante el desastre que estamos atravesando en Argentina al presente; donde se pretende que el Estado no esté en nada, tampoco la respuesta es que el Estado esté en todo.
Para nosotros, el Estado como representación de los intereses de la Nación, tiene que estar presente, fundamentalmente, en las cuestiones estratégicas; y para definir las cuestiones estratégicas, necesitamos que se lleve adelante la gestión del Estado en articulación con los actores sociales.
Cuando señalamos las organizaciones sindicales y las organizaciones empresariales, es porque las consideramos prioritarias para construir una industrialización con justicia social. Pero esto no implica la exclusión de nadie.
De hecho, planteamos que para llevar adelante este modelo lo que se requiere es, precisamente, la articulación del movimiento sindical con los movimientos sociales, con el movimiento universitario, y con quien más se quiera sumar a la construcción y a la definición, de un proyecto de Nación.
Todo esto nos lleva, simultáneamente, a una idea que, en muchos momentos en nuestro país y seguramente al presente, se sigue debatiendo. Y nosotros también queremos dar el debate sobre como consideramos que, la industrialización puede y debe ser efectivizada.
Primero, que no es imposible. No es una imposibilidad absoluta industrializar la Argentina. De igual modo, tampoco es una imposibilidad recuperar el sentido amplio y profundo del concepto o categoría que llamamos justicia social, ni es una fantasía orientarse hacia la consecución del pleno empleo.
Ayer, estaba en otra actividad, y debatíamos en torno al pleno empleo. Y me permito aquí una apostilla: en el 2023 llegamos al 6% de desocupación, estábamos muy cerca del pleno empleo. El problema era que nos acercábamos al pleno empleo, pero era una conceptualización que estaba incompleta. Porque el problema era que estábamos cerca del pleno empleo, pero con un porcentaje altísimo de trabajadoras y trabajadores, inclusive registrados, que estaban por debajo de la línea de pobreza.
¿Lo anterior qué quiere decir? Nos podíamos acercar al pleno empleo; pero subsistía el problema distributivo. Había habido un incremento solamente en la productividad. Y ese incremento en la productividad se lo apropiaron en un 80% los empleadores, y los trabajadores solo participaron en un 20%.
Luego del recorte técnico, destaco que el comentario que iba a hacer es que, cuando hacemos referencia a la industrialización, muchas veces se cree, o se dice, (pensemos en principio con buenas intenciones, pero creo que subyace cierto elemento de “chicana”) en cuanto a que, es o se trata de una fantasía; la de volver a la sustitución de importaciones, o volver al modelo fordista.
Miren, para nosotros eso no es una discusión de fondo. Porque en Argentina, como en muchos otros lugares del mundo, conviven -me acuerdo de Alvin Toffler cuando digo esto- la primera, la segunda, y la tercera ola.
Tenemos formas de producción, de trabajo, en algunos lugares de nuestro país, prácticamente de la Edad Media. En otros lugares, de la segunda revolución industrial, y también tenemos tecnología de punta, en términos de la tercera y cuarta revolución industrial.
Estas cuestiones siguen dándose. A mí lo que me interesa es que la Argentina se industrialice. Porque el trabajo de calidad solo podremos conseguirlo para nuestro pueblo, y no es automático, con desarrollo industrial. Aclaro que, además, la consecución del trabajo de calidad requiere luchas, requiere acción estatal, requiere políticas públicas.
Asimismo, hay una cierta concepción, una mirada que muchas veces se olvida que, en Argentina ahora estamos en un momento -me atrevo a decir- de recesión. En muchos aspectos, con un peligroso riesgo de estanflación; para decirlo de forma más dramática todavía.
Tampoco olvidemos que, en Argentina el 70% de la producción, se destina al mercado interno. Por ello, que solo se debata en torno a un limitante modelo de exportación e inversión es, fundamentalmente, lo que los sectores hegemónicos del neoliberalismo priorizan; pero también, algunos sectores funcionales a ese neoliberalismo. Entonces, restrictivamente, se habla de un modelo de inversión, en un escenario en el que las inversiones no llegan, y las exportaciones están en crisis.
Todo esto está vinculado con la lógica que está predominando en este momento en Argentina. Si bien no ocurre ahora por primera vez, se expresa y potencia en el modelo de país que impulsa Milei. Es parte de la lógica de primarización, extractivismo, y financiarización; en las diversas combinaciones que se han dado, en distintos momentos de nuestra historia.
Hay grandes similitudes entre, lo que pasó en la dictadura, y en la década del ´90, con lo que está pasando ahora.
Todo eso está enfrente de nuestro modelo del país. Un modelo que se ha intentado y que no se ha podido consolidar todavía, y el cual, reiteramos nosotros, es el modelo de industrialización con justicia social. De hecho, leía hace pocos días en un artículo que, el mayor desarrollo de la justicia social, y esto no es casualidad; se dio cuando Argentina pudo avanzar en la industrialización.
Obviamente, nuestro país no pudo todavía completar el desarrollo del ciclo de industrialización. Sin embargo, los avances en tal sentido se dieron en los gobiernos de Perón, y en los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Más allá que podemos señalar que, durante la década del´60 se mantiene y se desarrollan otros aspectos. Sin desmedro de todas las contingencias políticas que se dieron, se desarrollaron aspectos industriales, y se mantenía esa mejor calidad de vida.
Quiero destacarlo y remarcar esto, porque se quiere instalar que es solo un problema de los últimos 40 años. En lo personal, estoy un poco cansado de escuchar ese discurso, ese latiguillo que se va replicando, y después mucha gente repite casi como un eslogan.
Sin escarbar mucho, se verifica que los problemas de la Argentina, la destrucción del aparato productivo (más allá de los antecedentes que habían ocurrido), comienza el 24 de marzo de 1976.
Podemos hablar también del quiebre de la industrialización en el´55, pero la desindustrialización impuesta por la dictadura cívico-militar en función de determinados intereses, internos y externos, es el punto de quiebre de muchas de las cosas que estamos padeciendo.
Después podemos hablar, como suelo decir, y la frase como ustedes ya saben no es propia, de las promesas incumplidas de la democracia. Eso también existe. Pero hemos visto una desindustrialización, una sumisión aceptada -y vaya mi homenaje al proyecto umbral-. Y se vuelve a dar una sumisión aceptada, más profunda todavía, en los tiempos que estamos atravesando.
Frente a todo esto, los que participamos en nuestro grupo, si bien siempre hemos tratado de tener un compromiso participativo militante (reivindico la palabra militante), a partir del triunfo electoral de Milei; profundizamos nuestra participación, a través de avanzar en dicho compromiso con un proyecto determinado.
Fue así como, el resultado del 2023; que para nosotros es la pérdida de rumbo en la construcción de un proyecto propio -nacional y popular-, nos llevó a una participación directa. Y cuando hablamos de este proyecto, creo que muchas de las discusiones también requieren una actualización doctrinaria.
De la misma forma que hablaba de la actualización, la construcción, o mejor dicho de la necesidad de categorías propias; podemos hablar de la necesidad de construir o reconstruir una doctrina que, quizás (muy probablemente para nosotros) implica volver a las doctrinas que nutrieron al movimiento nacional durante mucho tiempo.
Sostenemos que, quizás las actualizaciones doctrinarias, requieren recuperar esas doctrinas en muchos aspectos. Amén de los necesarios aggiornamentos y actualizaciones. Pero en lo sustancial, recuperarlas.
Aprovecho cuando digo esto, para explicitar que, como grupo, intentamos hablar desde el Movimiento Nacional; tratando de tomar, incorporar, interpretar; esas ideas.
Porque además estamos en un escenario mundial complejo. Un escenario de crisis, de transformaciones; donde la Argentina está lamentablemente discutiendo todavía cuestiones que, prácticamente, están superadas en otras latitudes.
Estamos en el fin de la globalización económica neoliberal. Me gusta denominarla así. Podemos situar su inicio en 1979 ó 1980, si tomamos los triunfos de Thatcher y Reagan. Sin perjuicio de entender que, es un proceso más extenso, con la crisis del petróleo y otras transformaciones.
No sé cómo sigue esto, porque no adivino el futuro, pero lo que sí tengo en claro es que hay un cambio de ciclo (quizás un fin de ciclo). Sin embargo, en Argentina se están aplicando políticas monetaristas, y políticas de la escuela austriaca-estadounidense. Una escuela marginal, en sentido amplio y en términos económicos; cuando el debate internacional va por otro lado.
Vemos que China se consolida como principal potencia comercial y económica. Precisamente, como consecuencia de haber podido industrializarse. Porque China en 1979 -no hace 500 años-, seguía siendo en la práctica más rural que industrial. Pero generó una profunda transformación.
También gracias a esta globalización que, a algunos les salió mal. Puntualmente, por su visión de hostilidad a la justicia social, junto con una exacerbada búsqueda de maximización de ganancias, que los llevó a trasladar empresas europeas, y empresas norteamericanas, al sudeste asiático.
En China se encontraron con un país dos sistemas. Hoy hablábamos antes de comenzar esta actividad de Deng Xiaoping, que planteó ese modelo; que dijo una frase que, más o menos transcripta, señala que “no importa de qué color es el gato, sino que cace ratones”.
Ello implicó que, con una lógica propia, buena, mala o regular, según el gusto; lo que no podemos discutir son los resultados para el desarrollo y crecimiento de China. Se entendió que había que hacer reformas en materia agropecuaria, pero sobre todo en materia industrial. Es lo que le permitió a China ser la potencia que es hoy.
Se indica a menudo que estas reformas se iniciaron con una gran precarización laboral; pero China allá por el 2008 dictó una norma laboral que es más protectoria que la nuestra, da más derechos laborales todavía que la nuestra; y… China no se funde por eso.
En esto último, hay otra falacia del pensamiento liberal, y de algunos pensamientos progresistas; en cuanto a indicar que el problema está en el trabajo; entonces, “lo que hay que reformar es el trabajo”.
Lo vemos ahora -desde hace demasiado- en Argentina, y lo hemos señalado en tramos de algunas de las declaraciones y documentos de nuestro libro.
En ese mismo sentido, ¿qué es lo que pide el Fondo Monetario internacional?: reforma laboral y reforma previsional. Es lo que le pide -busca promover- para Argentina cuando dio el préstamo de 20.000 millones de dólares.
Nada de eso está destinado a ninguna actividad productiva. Es solamente una cuestión financiera. Ni hablar de la deuda tomada anteriormente, donde se destinó a algunos criterios productivos, apenas alrededor de un 4%.
Ese porcentaje para el desarrollo de un Estado no es nada. ¿Y a dónde fue el grueso de eso? A especulación, a un sistema que se sostiene en una lógica determinada -de especulación financiera-.
La falacia es decir que las reformas que se tendrían que hacer son la laboral y previsional. Y sabemos que serían en un sentido de recorte de derechos, de pérdida de derechos. Porque no te van a agregar derechos, te los van a seguir sacando.
Y todo esto es ideológico. Es lo que llevó a los países más industrializados a trasladar sus empresas al sudeste asiático. Paradójicamente, es lo que lleva a que hoy Trump plantee reindustrializar a Estados Unidos; para generar trabajo nuevamente en Estados Unidos.
Lo hace de la forma que lo está haciendo, y si bien no voy a entrar en ese debate, en su estrategia arancelaria -que no comparto-; si está viendo ese problema; igual que se está debatiendo en Europa. Precisamente, ayer escuchaba la presidenta de la Comisión Europea, que expresaba que Europa está luchando por su lugar en este nuevo mundo.
Nosotros, mientras tanto, estábamos discutiendo a partir de postulados vetustos. En un escenario mundial en el que se está debatiendo, entre otras cosas, cuáles Estados van a tener trabajo o no en el futuro; y no solo por cuestiones laborales o económicas, sino por cuestiones geopolíticas. ¿Qué es lo que estamos discutiendo en Argentina?
Por ello, queremos aportar este libro como una excusa para el debato. Ante el debate local, regional e internacional. Queremos plantear algunos ejes; y agrego, cuando planteamos este modelo, este proyecto de industrialización con justicia social, que hay tres centralidades fundamentales.
La primera, obviamente, es la centralidad de la industria, de la industrialización; ese es el objetivo estratégico en términos de desarrollo. Pero también tiene que haber una imprescindible, como lo he dicho en algún artículo, centralidad sindical. Para con esta reconstruir el trabajo -a menudo llamado tradicional- y a las organizaciones sindicales que, vienen debilitadas a lo largo de las décadas, y que fueron un objetivo central del ataque de los modelos neoliberales.
Pese a todo, estas siguen siendo, particularmente en la Argentina, por su tradición histórica y por el movimiento obrero organizado (más allá de todos los problemas políticos, las discusiones internas, las acciones o no acciones que se puedan discutir), prácticamente, lo único que le queda a la Argentina para; desde, con y sobre ellas, reconstruir este proyecto de Nación. Porque si tienen que estar los actores del trabajo, son fundamentalmente estos; sin desconocer otras formas laborales.
Advertimos que, toda la diversidad y las nuevas formas del trabajo, lo que técnicamente llamamos las heterogeneidades sociolaborales; en términos generales, no absolutos, pero si mayoritariamente, han conducido a escenarios de mayor precarización.
Siempre que menciono esto, para que nadie se enoje; bueno, si alguien se quiere enojar, no lo puedo impedir; destaco que, no estoy discutiendo la forma en que cada hombre o mujer hace lo que puede para llevar un plato de comida a su familia. No estoy discutiendo eso. Estoy discutiendo cuestiones sistémicas, estructurales. Me atrevo a decir hasta estratégicas, para avanzar en esa industrialización y en esa justicia social.
Hago esta introducción porque voy a la tercera centralidad, porque creemos profundamente en una centralidad del trabajo dependiente y tutelado.
Creemos que hay que volver al trabajo dependiente y tutelado que, como les decía antes, frente al escenario de hegemonía deslaboralizadora (categoría central de un marco teórico que impulso, y que defino como enfoque crítico tutelar de las relaciones laborales) que nos agrede.
Lamentablemente, debo recurrir a esta categoría de hegemonía deslaboralizadora, porque es la que permite visibilizar mejor el contexto y los intereses en juego en la actualidad.
Un escenario de hegemonía deslaboralizadora, en el que, se trata de dejar de lado, de aniquilar al derecho del trabajo. Y si quedan formas laborales, estaríamos ingresando en la etapa final de este fenómeno, si no lo revertimos. Es cuando las propias formas laborales terminan estando precarizadas, de forma directa o indirecta; y ni hablar de la Ley Bases.
Por eso, planteamos una vuelta al trabajo dependiente y tutelado, porque también tenemos que cambiar, y nosotros propugnamos esto.
En términos de categorías, estoy convencido que tenemos que superar el concepto de inclusión por el concepto de integración. Para aclarar esto, baste recurrir al diccionario de la Real Academia.
En la inclusión se puede sostener que se esta incorporando de alguna forma; pero con la integración nos orientamos a que las personas sean parte del todo, verdaderamente; no de y con formas diferenciadas, respecto de las cuales vamos viendo una sociedad cada vez más de doble, triple estándar, y muchas veces, sin posibilidades.
Sabemos que todo lo que planteamos es más fácil presentarlo en términos teóricos que efectivos. Pero esto, si no es internalizado, comprendido, y no solo en los ámbitos académicos sino en los ámbitos políticos, sindicales y empresariales; no habrá transformación posible.
En línea con lo anterior, creo que donde más claro está, es en el movimiento sindical; en los ámbitos empresariales, no es imposible, pero es mucho más difícil la transformación.
Porque es muy fácil hablar luego -genéricamente- de diálogo social. Estoy a favor del diálogo social, pero tampoco quiero un diálogo social sesgado; como me gusta expresarlo y explicitarlo, desde el enfoque crítico tutelar de las relaciones laborales.
Eso es lo que estamos atravesando, esa es la construcción teórica del pensamiento neoliberal, un diálogo social sesgado; en el que se plantea que todos somos actores racionales, y en función de eso, nos vamos a poner de acuerdo.
En efecto, cuando dicen que “nos vamos a poner de acuerdo”; se acuerdan cuando alguien lo decía y repetía. A pesar de eso, no nos vamos a poner de acuerdo si vos me decís que no tengo que comer más. No sería partícipe de ponerme de acuerdo en esos términos.
Entonces, y ya para para ir cerrando esta presentación, nos gusta caracterizar nuestro proyecto con algunas palabras, con algunas categorías que impulsamos.
Así, decimos que nuestro proyecto es y quiere ser un proyecto plebeyo. Porque lo plebeyo busca integrar a todos, busca quebrar los esquemas estamentarios que, es hacia donde parecería estar yendo el mundo de hoy. Si no lo revertimos irá hacia ese modelo, hacia uno de tecnofeudalismo, como el que algunos plantean.
Nuestro proyecto es, a la vez, un proyecto mestizo en sentido amplio. Mestizo porque para nosotros también es central lo regional, para nosotros es fundamental Latinoamérica. Y Latinoamérica es un continente de mestizo. Reivindicamos eso, como reivindicamos lo plebeyo. En el prefacio del libro hablamos de eso.
Reivindicamos lo mestizo por nuestras características y en un sentido filosófico más amplio. Lo mestizo implica lo bueno y lo malo que tenemos como sociedades. Por lo tanto, tenemos que integrar y entender lo bueno y lo malo. Entender que a veces lo que consideramos malo ha hecho algunos aportes positivos y viceversa.
Porque si no logramos la integración, tarde o temprano, lo único que nos va a quedar es la confrontación; y nosotros apostamos profundamente a la integración.
También tomamos un ejemplo histórico que, he desarrollado y, seguramente saldrá publicado, si Dios quiere, en un próximo libro de nuestro grupo. En tal sentido, creo que cuando los pueblos, las naciones, plantearon un rumbo, también miraron para atrás. Buscaron en qué se podían apoyar, para avanzar. Eso también lo necesitamos nosotros como pueblo y Nación. Ciertas experiencias pasadas nos pueden servir de antecedente e impulso para construir comunidad.
No desconocemos que las cosas cambian, que hay realidades distintas. Pero también hay antecedentes comunes, y creo que en la Argentina tenemos ya bastantes divisiones profundas. Es hora de buscar que nos une.
En esta inteligencia, tomando también los aportes del Proyecto Umbral. Escarbamos en la historia. Nos orientamos en la búsqueda de una Comunidad de pasado, presente y futuro. Creo que de eso se trata una Nación, y si eso no es una Nación, creo que va por ahí, se le acerca mucho…
Sostenemos que tenemos un antecedente muy interesante, que nos muestra la complejidad de lo plebeyo, la complejidad del mestizaje; y la necesidad de reivindicar, construir y aprender; de lo bueno y lo malo que nos atraviesa.
Ese ejemplo, es el antecedente de las misiones jesuíticas. Es un antecedente histórico que, tiene sus luces y sombras como todo. Pero constituye un encuentro, algunos dirán un choque de culturas, un sitio común donde se logró una armonización.
Hay aspectos que nosotros, intencionadamente, en un buen sentido, tenemos en cuenta y resaltamos. Ese mestizaje que se produjo, esa nueva forma de organización. Probablemente, una de las experiencias sociales más relevantes de la historia de la humanidad.
Sabemos a la vez de sus enemigos. Fue abatida por el colonialismo; fue abatida por el imperialismo. Fueron el imperio español y el imperio portugués los que no admitían esa lógica autónoma de funcionamiento. Atentaba contra la lógica de ese colonialismo que, luego se llamará neocolonialismo, que hoy llamamos colonialidad; y que nos sigue flagelando.
Hace unos momentos, desde nuestro proyecto alternativo nombrábamos y nos diferenciábamos del tecnofeudalismo, y podemos agregar del transhumanismo, cercano a esas lógicas deshumanizadoras.
Bueno, nuestro proyecto no es ninguna de esas dos cosas, nuestro proyecto es profundamente humanista. Integralmente humanista.
Y cierro con una frase que no es propia pero que hacemos propia, especialmente en términos de proyecto. Si no tenemos, no construimos un proyecto propio, el proyecto que nos gobierne será el proyecto de otro.
Presentador: Muchas gracias, Mario, hay algún un comentario, pregunta, duda …
Pregunta del público: Gracias por la presentación y muy interesante. ¿Qué lugar ocupa en estas nuevas formas de trabajo la regulación laboral la economía social; las demás formas de trabajo que no terminan de ser un trabajo en relación de dependencia ni son un trabajo autónomo? ¿Cuál es la propuesta de regulación de esa parte del trabajo que es muy grande numéricamente y que no se siente representado ni en una regulación como la Ley de Contrato de Trabajo y en un trabajo autónomo? ¿Cuál es la salida para todo ese trabajo que tenemos en Argentina?
Mario Gambacorta: Es muy interesante la pregunta. En principio la primera respuesta, la respuesta técnica es: es parte de esas heterogeneidades sociolaborales, las cuales han sido respuestas a la crisis del trabajo. Particularmente, la economía popular.
La economía social tiene otra lógica, pero también ha tenido transformaciones. Diversas son las respuestas a la crisis de lo que algunos llaman el trabajo tradicional; que no es casualidad. Ya que también merece debatirse qué es el trabajo tradicional -o no- y los alcances de esta problemática. Además, cabría aclararlo respecto de su actualidad y vigencia, porque creo que hay una lectura sesgada en cuanto a sus alcances.
Ahora, con relación a la economía popular, primero hay un tema que es cómo terminamos de definirla y delimitarla. Es un problema, no solo teórico sino también práctico. Nosotros creemos, ya lo planteábamos cuando lanzamos el grupo, que las construcciones son colectivas, hay que estar con la gente, y por, sobre todo, escuchar a la gente.
De nuestra parte, hemos hablado con compañeros de la economía popular porque, por ejemplo, normativamente se habla de economía popular de subsistencia, lo que a mí me resulta un poco chocante. No solo por cómo se la termina calificando; sino porque en parte está reflejando, lamentablemente, que son mecanismos de subsistencia, de supervivencia, frente a una crisis de muy profunda.
Hay varias cuestiones en tu pregunta. Si me consultan, estoy pensando en el tema, y no lo estoy pensando solo. Lo estamos pensando desde nuestro grupo, pero siempre tratando de escuchar a los otros. Porque si nosotros le vamos a decir a los demás lo que tienen que hacer, creo que muchos de nuestros errores como sociedad pasan por ese lado. Así las cosas, si yo te digo a vos cuál es la respuesta para que vos estés bien, vos me vas a decir: ¿pero vos me escuchaste a mí?
Tiene que haber una interacción. Con lo cual, creo que hay que terminar de definir varias cosas. Por ejemplo, hay una heterogeneidad propia de la economía popular; y esto lo digo con todo respeto. También hay que definir, lo venimos pensando algunos, en qué ámbitos se puede dar mejor la economía popular.
Si me pedís una opinión, que podrá ser acertada o no; lo que vengo percibiendo es que me parece que, sobre todo, en el sector rural hay un ámbito interesante que, en la construcción de un proyecto alternativo, puede servir para mejorar condiciones y para acompañarlo. Un modelo de desarrollo industrial con justicia social también requiere acompañamiento político.
Por sobre todas las cosas, el proyecto que nos ocupa no es solo un problema económico ni social; es social y económico y laboral; pero fundamentalmente es político.
Consecuentemente, para integrar el accionar y la articulación, con los sectores del trabajo llamado tradicionales, con el movimiento sindical; creo que hay que ser muy cuidadosos. Porque la realidad de la economía popular no debe desvirtuar la lógica de las organizaciones sindicales ni las organizaciones sindicales deben desvirtuar la lógica de la economía popular.
En esta instancia y para estos fines, me gusta como base un concepto que, si bien es un concepto de origen sindical que usan los españoles; estoy convencido que hay que construir una unidad de acción en términos de objetivos políticos, y eso no lo defino yo ni nuestro grupo, sino que eso es una construcción política colectiva.
Entiendo que esto nos ha faltado durante mucho tiempo. Nosotros cuando planteamos un proyecto alternativo, y cuando decimos que este libro es una excusa para el debate; lo estamos viendo: podemos opinar, podemos proponer; pero después hay que hablar con y entre las partes.
Hay integrantes de la economía popular que, su aspiración es volver a ser trabajadores dependientes; hay otros que no quieren volver a ser trabajadores dependientes.
Son datos, son realidades. También hay respuestas que son coyunturales. Tanto en la economía popular como en otros ámbitos, han sido las respuestas que se pudieron dar, y eso no es bueno o malo en sí mismo, está reflejando contextos e intereses.
A veces, cuando enseño derecho colectivo del trabajo les digo a los estudiantes, miren los modelos sindicales son distintos en los distintos países, porque muchas veces los trabajadores no se organizaron como quisieron, sino que se organizaron como pudieron.
Queda en claro lo que es una estructura sindical, pero después hay distintos modelos y estructuras sindicales. Igual para la economía popular. Por lo tanto, me parece que tendría que haber una unidad de acción.
De todos modos, hay muchas otras cosas que discutir, porque es muy difícil para la economía popular avanzar en determinado modelo de desarrollo, y más en un modelo de desarrollo industrial. Hace falta financiamiento, hace falta un montón de otras cosas. Después suelen aparecer respuestas mágicas, pero creo que hay debates más profundos. Me inclino por la unidad de acción, por una integración que no desvirtúe el movimiento sindical que, no puede perder su lógica en función de la economía popular, y viceversa.
Creo que en las diversidades puede haber objetivos comunes. Por ejemplo, el caso de las cooperativas; con sindicatos que ya tienen una tradición, una práctica, una gimnasia en articular con estas. Hasta lo tienen en sus propios estatutos. Ahí, cuando cierra una empresa y se crea una cooperativa; sigue habiendo una articulación. Bueno, me parece que eso es un proceso que atender. Lo estamos estudiando y trabajando con gente que viene del movimiento cooperativo y con gente que está también en la economía social; porque se requiere consenso.
Ahora bien, sigo sosteniendo que la centralidad más fuerte debería estar en el plano sindical. No porque sea mejor ni peor, ni estamos hablando de que hay personas mejores o peores.
Lo estamos diciendo estratégicamente, porque el modelo sindical argentino es una herramienta estratégica, fue concebido de ese modo, cada día me convenzo más. Hace décadas que estudio esto, que fue concebido como una herramienta estratégica para acompañar el proceso de industrialización en Argentina.
Después podemos articular todo lo otro; es más, no creo que solo podemos, debemos hacerlo. Pero es una respuesta que decimos “de página en construcción”; pero ya tenemos algunas puntas… Y gracias a vos por tu pregunta.
Público: Creo que la heterogeneidad laboral requiere de una heterogeneidad normativa en cuanto a regulación, más allá de que después se logre la unificación a nivel sindical.
Respuesta: Ahí, creo que hacia donde tenemos que ir es hacia una homogeneización normativa tutelar. Pienso que el proceso de industrialización debería llevar hacia ese lugar. Por eso, hablamos de la centralidad del trabajo dependiente y tutelado. Porque es parte de la industrialización con justicia social.
Lo queremos aclarar porque, cuando se refiere una diversidad normativa, también estamos planteando que, para nosotros, hay que terminar con los parches. Porque el proceso hacia el cual estamos corriendo el riesgo de avanzar es hacia uno que consolide una homogeneización de la precariedad ante el escenario de esas heterogeneidades precarizadas.
Corremos el riesgo de terminar homogeneizando esas heterogeneidades precarizadas.
Disculpen el trabalenguas pero eso es lo peor que nos puede pasar. Eso es lo que quiere el establishment. Y acá voy a ser crítico, porque hay muchos liberales progresistas y progresistas liberales.
Pregunta: Me surgió una duda, ahí justamente tomando esta última parte de lo que planteaste por sectores progresistas, incluso los más y variados actores hablan de las rentas universales. ¿Cómo entrarían en un modelo de integración de lo social, o son visiones contrapuestas de ver el trabajo, el desarrollo en sí?
Respuesta. Creo que hay cuestiones que son transitorias y que cuando se vuelven permanentes evidencian ausencias; por decirlo de alguna forma. La renta universal, el ingreso universal; cada uno de estos términos también tienen diferencias teóricas.
Vamos a hacerlo lo más sencillo y breve. Me parece que hay mecanismos de ayuda, de asistencia, que son transitorios, y que sirven para determinadas coyunturas. Sin embargo, creo que cuando eso se consolida, ese es el gran riesgo; de una renta universal, un ingreso universal.
Cuando hablo de esto me acuerdo de una encuesta que se hizo hace unos años a los CEOs de Silicon Valley. Ellos decían que estaban a favor de pagar impuestos para esto, pero el problema para ellos eran los sindicatos. Ese era el resultado que aceptarían; esa era su conclusión.
Es con esta respuesta que se me prendieron doblemente las alarmas. Más allá de aclarar lo que digo, porque si no puede parecer que entramos en la lógica de la crueldad: Hay medidas que se pueden tomar para cubrir ciertos mínimos. Pero si esto se instala en el tiempo, lo que probablemente, y ojalá me equivoque, termine consolidándose es una sociedad de doble estándar. Una sociedad de doble estándar en la que se le da un mínimo de ingreso de supervivencia a millones de personas para que, obviamente, no se mueran de hambre y no se subleven.
Voy a agregar una observación. Hace un tiempo, en un ámbito de análisis lo discutía, señalando que esto es como la asignación universal por hijo (AUH). Y espero que nadie se ofenda por mi análisis.
La AUH fue algo revolucionario en su momento, pero para mí dejó de serlo; es una opinión personal. Con esto no estoy desconociendo su valor ni relevancia. Sino que, cuando se instrumenta, se puede hacer transitoriamente. Cuando se estandariza y deviene permanente, es porque no estamos resolviendo el problema de fondo. Entonces, de ser un subsistema de la seguridad social; revolucionario, progresista, inclusivo (no integrador, empieza a aparecer el concepto), con el tiempo, entiendo qué termina siendo flexiseguridad.
Y la flexiseguridad en muchos casos se ha demostrado como una trampa. No sé si con esto sumó muchos amigos. Pero estamos en un momento de la historia en donde la Argentina está jugando su propia supervivencia como Nación. Y si nosotros como grupo nos largamos en esto, es para discutir todo, y aportar todo lo que podamos dentro de nuestras humildes posibilidades.
Agregamos que aquí entra otra discusión que, tiene su origen en determinadas conceptualizaciones de la propia Organización Internacional del Trabajo.
Algunos que me conocen saben que valoro y reivindicó muchas cosas de la Organización Internacional del Trabajo, pero tengo una postura crítica respecto a ciertas formulaciones en la OIT. Porque entramos en la lógica de la protección social, y la protección social también es algo muy bueno, hasta que empieza a desvirtuar la seguridad social. Y lo que estamos empezando a ver es que se va desvirtuando un subsistema de la seguridad social. Termina siendo un complemento.
Se que la necesidad tiene cara de hereje. Una vez más; no estoy discutiendo cómo sobrevive un compatriota, no me voy a poner en sostener que están mal; y entonces las debilitamos o sacamos, como hace este personaje, y que se muera la gente. No.
No estoy diciendo eso. Si lo tenemos que usar, usémoslo. Pero hay un debate pendiente. Un debate de fondo que se resuelve solamente con la generación de trabajo de calidad, y el trabajo de calidad es el trabajo que tiene valor agregado. Que permite, como muchos de ustedes conocen, que el salario industrial tienda a subir; todo lo que estudiamos en economía. Pero no tiende a subir automáticamente, sino con, y mediante las luchas sociales.
Entonces, creo que contesté más de lo que me preguntaste. Me hago cargo de lo que digo, porque estamos convencidos que estas son las discusiones de fondo.
Se pudo fortalecer la seguridad social cuando se crearon 4.000.000 de puestos de trabajo. Y eso dependió, no solo de lo laboral o lo previsional. Dependió, sobre todo, de la generación de puestos de trabajo registrados. Y los puestos de trabajo registrados, en general, son puestos de trabajo industriales; más allá que hoy en la industria, como en todos lados, sigue creciendo la informalidad.
Este proceso de deterioro no es casualidad. Es parte de una lógica sistémica del modelo neoliberal. Hablo de la hegemonía deslaboralizadora que, ha permeado por derecha y por izquierda en el mundo del trabajo.
Hablamos del Movimiento Nacional, pero creo que en él también ha permeado. Muchos repiten, inclusive situándose dentro del Movimiento Nacional que, hace falta una reforma laboral. Pero cuando se les pregunta por qué, no lo pueden responder y menos explicar.
El ejemplo más claro que las reformas laborales no generan transformaciones es la Ley Bases. Entró en vigor el nueve de julio del año pasado. Ya pasó un año y dos meses ¿y qué ocurrió? Aumentó la desocupación, aumentó el trabajo no registrado, y la precarización.
Hice un ejercicio el año pasado. Una apuesta académica fuerte, el año pasado: En distintos cursos, cuando se estaba debatiendo la Ley Bases en el Congreso, y luego que se promulgó. A todos los que cursaron conmigo en grado y posgrado les dije lo que iba a pasar. No porque adivine el futuro, o sea un iluminado, o un esclarecido. Es porque hace treinta años que estudio esto, y cada vez que veo estas reformas, terminan igual.
En Brasil en el 2017, España en el 2012, y en un país en el que estas reformas no funcionaron. País que creo que es el mejor ejemplo. País que tuvo esta reforma en la década del ´90, y que, si no recuerdo mal, su nombre es… Argentina.
Es la mejor verificación de que este tipo de reformas no generan puestos de trabajo. Los puestos de trabajo los generan las políticas públicas. Fundamentalmente, las políticas económicas. Ni el derecho del trabajo, como digo siempre, ni la seguridad social están para crear puestos de trabajo. Están para garantizar la dignidad de la persona.
Aquí vengo de nuevo con una mirada crítica sobre categorías que utilizamos. Porque cuando hablamos de protecciones, suele ser porque hablamos de trabajo decente. Y si bien el trabajo decente es sinónimo de trabajo digno en castellano; el concepto original no es en castellano; y en inglés, no son sinónimos. Es un piso mínimo.
Por ello, junto con el trabajo decente tenemos la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento; y “viene todo en combo”, en 1998 en el 1999. En el pico de la globalización se buscaba cómo generar algunas condiciones mínimas básicas; después, si terminan estandarizándose; entonces “homogeneizamos la precariedad”.
Miren si esto es así que, para visibilizar mejor esta problemática, en algunos programas de estudio, he incorporado una unidad que denomino de estándares laborales.
Para dilucidar esto y diferenciar una cosa de otra, podemos indicar que, si tengo una coyuntura: cuatro, cinco años; en que se están cubriendo los ingresos para que la gente no pierda, como consecuencia de los que no registran a los trabajadores; puede ser una cosa. Pero se corre el riesgo de extenderlo -indefinidamente-, y entonces termina siendo un subsidio a los que se están enriqueciendo con eso; a los que precarizan, y a los que después cobran más subsidios que los que cobran programas sociales, a los que después, despectivamente, denominan “choriplaneros”.
Otra de las cuestiones que nosotros hemos planteado como grupo, lo sacamos en una declaración por el día de la industria, planteando cuatro ideas fuerza para una industrialización con justicia social. Una de las ideas fuerza es precisamente reducir los subsidios a los grupos más concentrados.
Estas son algunas de las discusiones que nosotros creemos que hay que dar. La empresa más grande en Argentina -después se dice que “plata no hay”, pero para algunas cosas hay-; percibe alrededor de 102.000.000 de dólares por año de “subsidio”, o exención, para los que se ponen puntillosos.
Algunos se escandalizan porque alguien cobra 22.000 ó 25.000 pesos de un programa social; o un discapacitado (que encima se lo sacaron, y que no saben cuándo lo van a volver a cobrar, y no saben si es retroactivo o no) cobra una pensión no contributiva de alrededor de 250.000 pesos.
Entonces, el muerto, como decía mi abuelita, se asusta del degollado. Muchas gracias.