En torno a la marcha universitaria. Todo sistema puede brindar respuestas imprevistas.
15 de octubre de 2026
Ante la realización de la marcha universitaria del jueves 15 de octubre, consideramos que es dable formular algunas reflexiones en el contexto de la actual crisis, no solo educacional sino socio-económica que golpea a la Nación Argentina.
Las problemáticas universitarias no están presentándose como un fenómeno aislado y solo argentino. Están golpeando en distintos lugares del mundo. Conflictos como los de Francia, España, Bélgica y Albania demuestran una crisis no solo del ámbito universitario, sino de los sistemas educativos, económicos y políticos en su conjunto, particularmente en desmedro de las mayorías populares.
Todo esto no puede desvincularse del agotamiento que están evidenciando los modelos que reflejan la globalización económica neoliberal impuestos a partir de Thatcher y Reagan. Modelos hegemónicos regresivos que recurren cada vez más a elementos funcionales a la destrucción de lazos sociales. Llevan adelante estrategias de disgregación de cualquier tipo de comunitarismo, entendido aquí como alternativa necesaria de respuesta, resistencia y transformación, ante dicha globalización económica neoliberal.
Partiendo de paradigmas liberales-libertarios individualistas, excluyentes, egoístas y deshumanizadores; esos modelos avanzan con un dispositivo estructurado para la desconfiguración de los seres humanos como tales, orientándose a la aniquilación de cualquier capacidad de respuesta y al avasallamiento de derechos que hacen a la dignidad humana. Su propósito no es sino la salvaguarda de una excluyente articulación de intereses económicos concentrados, de la mano con una lógica geopolítica desbocada.
Así las cosas, era casi imposible que la universidad pública y gratuita argentina escapara a los ataques de este proyecto que podría sintetizarse como anti y posthumanista.
El proceso de desindustrialización que enmarca el modelo neoliberal-libertario vigente en Argentina (vgr: libertario); con sus respectivas particularidades, también se viene dando en otras latitudes. La globalización económica neoliberal, buscando maximizar ganancias (en especial a través de mano de obra barata), hizo que numerosas empresas, no solo de Europa sino también de los Estados Unidos, trasladaran su producción al sudeste asiático.
Paradójicamente, contribuyendo a que China consolidara la industrialización que no había podido afianzar en los primeros 30 años desde la fundación de la República Popular. Y más allá de observaciones o debates; a partir de un sistema de colaboración pública-privada y/o de un control de lo público sobre el accionar de lo privado, alcanzó un crecimiento económico que le permitió sacar de la pobreza alrededor de 800 millones de personas; el mayor caso en la historia de la humanidad. Así las cosas, es apreciable que los sistemas neoliberales, al igual que otros sistemas, pueden generar respuestas imprevistas.
Entonces nos preguntamos si lo que pareciera querer emerger en el movimiento universitario, tal vez por causales, amén del desfinanciamiento, no siempre destacadas (como los -si bien diferentes en sus alcances-, verificables modelos de desindustrialización en Occidente), puede llegar a ser parte de esas respuestas.
Algunas transformaciones comienzan a surgir donde menos se las percibe o espera. Inclusive, con una remarcada situación de pasividad y aletargamiento entre los universitarios en Argentina. Sin perjuicio de lo anterior, podrían encontrarse condiciones movilizadoras, ante fenómenos como la destrucción de horizontes, la pérdida de futuro y comunidad de destino. En síntesis, la dilución de un proyecto de vida integrado comunitariamente.
Así las cosas, y más allá de las caracterizaciones que se formulan respecto de la configuración de nuevas subjetividades; muchos de las y los estudiantes parecerían comenzar a hacerse preguntas como: ¿qué voy a hacer con mi vida personal? ¿voy a poder terminar mi carrera universitaria? ¿si logro terminarla voy a tener trabajo? ¿voy a poder trabajar en aquello para lo que estudié? ¿mi destino será un trabajo de poco valor y baja remuneración? ¿los saberes y calificación adquirida van a contar?
Faltan respuestas. Surgen respuestas. Inclusive con dramáticas implosiones. Hay pérdida de expectativas, manipulación y condicionamientos (entre otras cosas, desocupación, apuestas, consumos y endeudamientos). Hay angustia por una incertidumbre, construida y provocada por este mismo sistema; por una actualidad con más parches que alternativas superadoras para una transformación efectiva de la situación que padecemos. Las respuestas más dramáticas se reflejan en el incremento de los suicidios, en los jóvenes, en particular.
Más allá de lo anterior, muchos de ellos comienzan a explicitar que no querrían meramente resignarse. Porque aspiran a tener un futuro para ellos, porque quieren un futuro, junto a sus compañeros de estudio, de trabajo y de Patria: una comunidad de destino.
Se da entonces una potencialidad para explicitar carencias y necesidades de certidumbre. Quieren realizarse, y saben que no van a poder hacerlo solos, y menos en una comunidad que tampoco se realiza. Quizás comienzan a percibir que el único héroe válido es el héroe colectivo, y que el individualismo aniquila no solo a los otros.
Enfrentar la injusticia, defender sus derechos y contribuir a un proyecto que los integre, tal vez esté menos distante. Los jóvenes estudiantes, los jóvenes trabajadores, empiezan a pensar en otro destino; por constatar que en esta lógica de exclusión un futuro digno se hace cada vez más imposible. Internalizan que son los que más tienen para perder. Se están dando cuenta. Quizás están pensando formas de transformación; probablemente, de lucha.
Desde los sectores postergados es desde donde mayoritariamente se avivan las llamas de las transformaciones, las esperanzas que encaminan un proyecto colectivo.
Sin desmedro de nada ni de nadie, hay que articular una transformación. Para ello, hace falta un modelo de desarrollo integral. Desde el Grupo OND, lo concebimos como de industrialización con justicia social. Imperiosamente necesaria frente a la primarización, el extrativisno y la financierización especulativa, que nos agreden como pueblo-Nación. Un modelo para un desarrollo humano integral que reemplace una cada vez más limitada y desdibujada idea de inclusión.
Un modelo donde, la justicia social, en un marco de industrialización, recupere el protagonismo y la centralidad. Por encima del egoísmo, la maldad y la servidumbre a intereses concentrados y tecnofeudales; sostenidos, tanto en nuestra patria como en otras patrias, por sus cipayos-vasallos.
Lo ocurrido en el mundial de fútbol en torno a la reivindicación de que “Las Malvinas son argentinas” nos ayudó a recordar que no es imposible sentirse parte de un pueblo-Nación, una Patria. Muestra que el desafío es no rendirse, es resistir, es continuar. Es concretar un proyecto de Nación, donde, entre otras cosas, desde el movimiento universitario se converja recíprocamente con movimientos como el sindical, el cooperativo, entre otros.
Es también con y desde el movimiento universitario, para una comunidad de destino. Es con y desde el pueblo para un proyecto de Nación.